El pasado día 22 de abril, miles de personas nos manifestamos para reclamar que se escuche a los científicos que, una y otra vez, nos alertan contra los peligros que amenazan el futuro de nuestro planeta. No es por casualidad que la Marcha por la Ciencia haya coincidido con el Día de la Tierra. Muchos de los grandes problemas a los que nos enfrentamos, como el hambre, el acceso al agua potable o las enfermedades, tienen su solución en la ciencia.

De hecho, son precisamente descubrimientos científicos como los antibióticos, las vacunas o la anestesia los que han hecho que muchas enfermedades hayan pasado a la historia y que el dolor sea un recuerdo punzante de un pasado más cruel que sentimos hasta que nos tomamos un analgésico. Los científicos seguimos trabajando para acabar con aquellas enfermedades para las que aún no hay cura, pero también para alertar de los peligros a los que nos enfrentamos, y que son consecuencia directa de nuestra acción sobre el planeta.

En EE UU, las manifestaciones a favor de la ciencia fueron multitudinarias, en buena parte, debido a algunas declaraciones del presidente Trump. Quizás la más notoria sea su negativa a reconocer el cambio climático, que ha calificado de montaje chino. La preocupación que causaron las palabras de Donald Trump durante la campaña electoral, no ha hecho sino aumentar en los 100 días que lleva al frente de la Casa Blanca.

Durante este tiempo, su Administración ha anunciado recortes importantes en investigación y varios nombramientos que parecen destinados a sabotear, más que a dirigir, algunas de las principales instituciones científicas del país. Éste es el caso de la Agencia para la Protección del Medio Ambiente para la que se ha anunciado un recorte del 30% y que ahora dirige Scott Pruitt, un conocido abogado que construido su carrera a base de obstaculizar cualquier medida destinada a combatir el cambio climático.

Mientras tanto, en España, la ciencia sigue sin ser una prioridad. El Gobierno, en un esfuerzo por hacer suya la estrategia de hechos alternativos, sigue aumentando la partida de créditos con el objetivo de anunciar un incremento en los presupuestos de I+D, que en realidad esconde un recorte en las ayudas que hacen posible la ciencia en nuestro país. Ante esta situación, las sociedades científicas españolas acaban de hacer público un manifiesto en el que denuncian la falta de interés de los sucesivos gobiernos por construir políticas científicas coherentes y duraderas.

La realidad es que la recuperación económica en España no ha llegado a la ciencia porque la I+D no es una prioridad ni para nuestro Gobierno ni para aquellos con los que ha pactado los Presupuestos Generales del Estado. Pero lo más preocupante es que en España la ciencia interesa muy poco. De hecho, el último informe de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, publicado hace solo unos días, señala que el 29,6% de los españoles declara estar poco o muy poco interesado por la ciencia. Esta falta de interés va acompañada de un desconocimiento tan manifiesto que lleva a la mayoría de los encuestados a afirmar que confían en la homeopatía y uno de cada cuatro en los curanderos para tratar sus enfermedades.

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